PADRE HOMERO No sabíamos si era uno o muchos Ni siquiera sabemos si existió o lo inventamos para dar un dueño y una leyenda a los poemas que fundaron el mundo en que vivimos. Las cuencas vacías de sus ojos iluminan como dos soles las aguas, las islas y las playas del Mediterráneo. Tampoco sabemos si las historias que cantó tuvieron raíces en la historia real o fueron fantaseadas por su imaginación incandescente. Yo lo adivino como un viejecito bondadoso y excéntrico divirtiendo a niños y ancianos con fabulosas aventuras de guerreros y monstruos en una época inusitada en que hombres y dioses andaban entreverados y las batallas se ganaban con caballos de madera, elíxires y magias. Lo diviso entre sombras y chisporroteo de fogatas, en aldeas con olor a vino y aceite pulsando su lira acompañado por el murmullo del mar y la resaca rodeado de caras expectantes. Su fantasía y su verba embellecían las anécdotas que traían los marineros de sus viajes: las canciones voluptuosas de las sirenas lo...