Cuando lo bautizaron, le adjudicaron cinco nombres: Mario Orlando Hamlet Hardy Brenno. Nosotros lo conocimos como Mario Benedetti y muchos nos enamoramos y desenamoramos acompañados de sus versos. Los chicos progres de entonces, nos sentíamos más progresistas leyendo a Benedetti y así incursionamos en su narrativa. A mí, en particular, me gustó Gracias por el fuego; pero, afectivamente, me tocó Primavera con una esquina rota. Recuerdo haber llorado cuando me aproximaba al final. Es una de las pocas novelas que, categóricamente, nunca releeré. Prefiero quedarme con el exacto aroma de la primera lectura, con las sensaciones que despertó en mi corazón de revolucionaria de café. Mario Benedetti ha partido, igual que las utopías colectivas de entonces, igual que los fuegos y fulgores de nuestros años maravilosos. Y como todo ello, ha partido para quedarse por siempre. Táctica y estrategia Mi táctica es mirarte aprender como sos quererte como sos mi táctica es hablarte y escucharte construir...